El precio de la verdad
Había una vez un rey que quiso saber la verdad sobre la imagen que tenían de él los súbditos de su reino. Para averiguarlo, llamó a uno de sus consejeros más sabios y le preguntó:
—Dime, ¿Qué anda diciendo la gente acerca de mí?
El consejero respondió:
—¿Desea que le diga la verdad o prefiere escuchar algo que le resulte agradable?
—Quiero oír la verdad: toda la verdad y nada más que la verdad —insistió el rey.
—Muy bien —dijo el consejero—. Le diré la verdad que tanto desea conocer, pero antes necesito que me prometa concederme el premio que yo le pida.
—Te lo concedo —respondió el rey—. Pide lo que quieras. ¿Cuál es el precio de la verdad?
El consejero hizo una breve reverencia y contestó:
—Un caballo para poder huir en cuanto termine de decírsela.
Moraleja:
Quien pide la verdad debe estar dispuesto a escucharla sin castigar a quien la dice.
Lección laboral:
Las organizaciones toman mejores decisiones cuando crean una cultura en la que las personas pueden expresar información basada en hechos, incluso si resulta incómoda. Cuando los colaboradores temen represalias por decir la verdad, los problemas se ocultan, los errores se repiten y las decisiones se apoyan en una falsa sensación de éxito. Los líderes que valoran la evidencia por encima de la complacencia fomentan la confianza, la mejora continua y una gestión más eficaz.
¿Quieres seguir leyendo? Puede ser una artículo de la sección de psicoeducación como Dependencia emocional o si lo prefieres otro cuento de la sección de Metáforas: El maestro y el burro.
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Referencias
Jaramillo, J. (2005). Formación de campeones. Grijalbo.






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