El viejo maestro y la vaca: encontrar la ganancia en las pérdidas

El viejo maestro y la vaca: encontrar la ganancia en las pérdidas

En la vida, a menudo nos aferramos a situaciones que nos dan una falsa seguridad. Este cuento tradicional nos invita a reflexionar sobre la resiliencia y cómo encontrar la ganancia cuando todo parece perdido.

Un viejo maestro y su discípulo atravesaban un pueblo cuando se detuvieron ante una casa donde la pobreza parecía haberse instalado en cada rincón. Era una vivienda envejecida, con paredes deterioradas y evidentes señales de abandono.

Allí vivía una familia que apenas conseguía sobrevivir. No tenían cultivos, dinero ni bienes de valor. Su única posesión era una vaca vieja y flaca que, cada día, les proporcionaba un poco de leche.

Era poca, pero suficiente para mantenerlos con vida.

El maestro observó la casa durante unos instantes y después se despidió del anfitrión para continuar su camino.

—Regresaremos esta noche —le susurró a su discípulo.

Cuando cayó la oscuridad, ambos volvieron. Se acercaron a la casa en silencio, procurando no despertar a la familia. Entonces el maestro tomó la vaca y se la llevó.

El discípulo lo siguió, desconcertado.

—Maestro, ¿Qué ha hecho? —preguntó finalmente—. Esa familia no tiene nada más.

Sin embargo, el anciano continuó caminando sin responder.

El joven volvió la mirada hacia la pequeña casa. Sentía tristeza por aquella familia y no podía comprender cómo su maestro había sido capaz de quitarles lo único que tenían para sobrevivir.

Durante mucho tiempo, aquel recuerdo permaneció en su mente.

Años después, convertido ya en un hombre, decidió regresar al mismo lugar. Quería saber qué había sido de aquella familia.

Pero cuando llegó, no reconoció el sitio. La pequeña casa había desaparecido. En su lugar había una hermosa finca rodeada de árboles, huertos y campos cultivados. Había animales, abundante comida y niños que jugaban entre los árboles.

Por eso, el discípulo pensó que aquella familia seguramente se había marchado.

Entonces un hombre salió de la casa. Y el discípulo lo reconoció de inmediato. Era el mismo padre de familia que había conocido tantos años atrás.

Sorprendido, se acercó y le preguntó qué había sucedido.

El hombre sonrió.

—Hace muchos años vivíamos aquí. Éramos muy pobres y teníamos solamente una vaca. Dependíamos de ella para conseguir la poca leche que alimentaba a nuestra familia.

Hizo una pausa y miró alrededor.

—Hasta que un día la vaca desapareció.

El discípulo guardó silencio.

—Al principio pensamos que estábamos perdidos. No sabíamos cómo íbamos a sobrevivir. Pero ya no teníamos otra opción. Tuvimos que buscar una manera distinta de salir adelante.

Entonces, comenzamos a trabajar la tierra. Sembramos hortalizas, cultivamos árboles frutales y aprendimos a vender lo que producíamos. También comencé a emplear los conocimientos de carpintería que mi padre me había enseñado. Mi esposa se las ingenió para iniciar un pequeño taller de costura. Poco a poco, cada uno fue encontrando una manera de contribuir y descubrimos que podíamos hacer mucho más de lo que habíamos imaginado.

—La pérdida de la vaca nos obligó a abandonar aquello de lo que dependíamos —continuó el hombre—. Y, al hacerlo, descubrimos capacidades que nunca habíamos necesitado utilizar.

El discípulo comprendió entonces lo que había ocurrido. Durante años había pensado que el maestro había condenado a aquella familia al sufrimiento. Ahora entendía que la verdadera enseñanza estaba en encontrar la ganancia de aquello que se había perdido.

Todos podemos tener una “vaca”. Puede ser una costumbre, una relación, una forma de pensar, un trabajo, una excusa o cualquier situación que nos proporciona cierta seguridad y nos permite permanecer donde estamos. No todas las vacas son malas. Algunas nos sostienen cuando realmente las necesitamos. El problema aparece cuando nos convencemos de que no podemos vivir sin ellas.

Moraleja

Cuando la vida nos obliga a soltar aquello de lo que dependíamos, todavía podemos preguntarnos:¿Qué puedo hacer ahora que antes no me había atrevido a intentar?

Lección profesional

No dependas de una sola opción; desarrolla nuevas capacidades y alternativas.

 

¿Quieres seguir leyendo?  Puede ser una artículo de la sección de psicoeducación como Estoicismo y la terapia cognitivo conductual o si lo prefieres otro cuento de la sección de Metáforas: El precio de la vedad.  

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Referencias

Jaramillo, J. (2005). Formación de campeones. Grijalbo.

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